Momentos icónicos del cine o la tv donde la croqueta fue protagonista

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¿Alguna vez has estado viendo una peli, concentrado en la trama, y de repente aparece un plato de croquetas que te hace perder el hilo por completo? No te sientas culpable. A todos nos ha pasado. El cine es el séptimo arte, pero la croqueta es, sin duda, el octavo.

A lo largo de la historia audiovisual, este manjar dorado ha servido para mucho más que para alimentar al reparto. Ha sido un símbolo de hogar, un arma de seducción, un alivio cómico y, en las manos de directores como Almodóvar, casi un personaje secundario con derecho a Oscar. Porque seamos realistas: una buena escena de confesión dramática sabe mejor si hay bechamel de por medio.

En este post vamos a repasar esos momentos icónicos donde las croquetas dejaron de ser guarnición para convertirse en las auténticas protagonistas. Saca las palomitas (o mejor, una ración con su alioli), apaga las luces y prepárate para este viaje por la “Croqueta-filiia” cinematográfica.

El "Efecto Almodóvar": La croqueta como institución nacional

Si hay un director que ha elevado la gastronomía castiza a la categoría de arte pop, ese es Pedro Almodóvar. En sus películas, la cocina no es solo un lugar donde se hace la cena; es el confesionario, el centro de operaciones y el refugio emocional de sus heroínas.

En clásicos como ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o la más reciente Dolor y Gloria, la comida casera tiene un peso específico. Pero hablemos de la mística de la croqueta almodovariana. Para Pedro, una croqueta bien hecha representa la España de las raíces, esa que sobrevive a base de ingenio y amor.

Cuando vemos a sus personajes bolear la masa con esa maestría casi hipnótica, no solo estamos viendo cocina; estamos viendo una herencia cultural. En sus sets, la croqueta es el “confort” que necesitan sus personajes cuando el mundo se les cae encima. Es el sabor de la madre, de la abuela y de la reconciliación. Si Almodóvar te pone una croqueta en pantalla, te está diciendo que, pase lo que pase, al final todo va a salir bien (o al menos, vas a cenar de lujo).

"Paquita Salas" y el "Croquetismo" como filosofía de vida

Si bajamos de los altares del cine de autor a la cultura pop más actual y gamberra, tenemos que hablar de nuestra representante favorita: Paquita Salas. La representante de actores más famosa de la televisión española (interpretada por Brays Efe) ha hecho más por la visibilidad de la croqueta que cualquier campaña de marketing de 1.000 millones de euros.

Para Paquita, las croquetas no son un snack; son una unidad de medida de la felicidad y el éxito. ¿Has cerrado un contrato para un actor? Croquetas. ¿Te han dejado plantada y necesitas llorar? Croquetas. ¿Tienes una junta de accionistas? Se piden croquetas, “de las buenas, de las que tienen tropezones”.

El momento en que Paquita se enfrenta a un catering moderno donde solo hay “espumas de algo” y ella reclama su ración de fritos es un grito de guerra generacional. Paquita nos representa a todos los que sabemos que en una reunión de negocios (o en una cita de Tinder), si hay una bandeja de croquetas, la tensión baja y la verdad sale a flote. Es el engagement real en forma de bechamel.

El anime y la "Korokke": Cuando Japón nos hace salivar

No todo el cine croquetero es español. Si te gusta el anime, sabrás que los japoneses tienen una obsesión deliciosa con la comida, y su versión de la croqueta, la Korokke, es una estrella habitual en producciones de estudios como Studio Ghibli.

En películas como La colina de las amapolas (From Up on Poppy Hill), hay escenas donde los protagonistas compran croquetas calientes en un puesto callejero y se las comen mientras caminan. La forma en que dibujan el vapor saliendo de la masa y el sonido del crujido al morder es, sencillamente, porno gastronómico animado.

Para la cultura japonesa que vemos en pantalla, la korokke es el “street food” por excelencia, ese bocado que te calienta el alma después de clase o del trabajo. Ver estas escenas nos recuerda que, aunque cambien los ingredientes (allí usan más patata que bechamel), el sentimiento es universal: la felicidad cabe en una bola frita de 5 centímetros de diámetro.

"Siete Vidas" y los clásicos de la sobremesa

Si creciste en los 90 o los 2000, recordarás series como 7 Vidas o Los Serrano. Eran series donde la vida pasaba alrededor de una mesa o de la barra del “Casi-Ke-No”. En estos escenarios, la croqueta era el actor de reparto más trabajador de la televisión.

¿Cuántas tramas se habrán resuelto mientras el frutero o Sole pinchaban una croqueta? En la ficción televisiva española de esa época, la croqueta servía para dar realismo. No veíamos a los personajes comer ensaladas de kale; los veíamos con raciones de bar de toda la vida.

Esos momentos crearon un condicionamiento clásico en toda una generación: asociamos el sonido de las risas enlatadas y los líos de vecinos con el deseo irreprimible de bajar al bar de la esquina a pedir “una de jamón”. Fue la época dorada de la croqueta como elemento de unión familiar y vecinal en el prime time.

La croqueta como "MacGuffin" en el cine de comedia

En el cine existe un término llamado “MacGuffin”, que es ese objeto que hace que la trama avance aunque no sea lo más importante (como el maletín de Pulp Fiction). Pues bien, en muchas comedias españolas, la croqueta ha cumplido esa función.

Pensemos en películas como Primos de Daniel Sánchez Arévalo. En ambientes de fiestas de pueblo y veranos infinitos, la comida es el motor de las interacciones. La búsqueda de “la mejor croqueta del pueblo” o la competición por ver quién se come la última es un recurso narrativo que genera tensión y comedia a partes iguales.

En la gran pantalla, la croqueta se usa para definir personajes. El que se las come de dos en dos suele ser el gracioso; el que las analiza es el sabelotodo; y el que las cocina con amor es el que tiene el corazón más grande. Es un código visual que todos entendemos sin necesidad de subtítulos.

El futuro: ¿Veremos una croqueta de CGI?

Con la llegada de la tecnología digital y las redes sociales, la croqueta está dando el salto de la pantalla de cine a la pantalla de tu smartphone, que es donde ocurre el cine de hoy. El food styling ha convertido a la croqueta en una modelo de pasarela.

Hoy en día, en series de plataformas como Netflix o HBO (pensemos en la estética de The Bear, aunque sea de alta cocina), se busca la perfección visual. Queremos ver la textura, el color dorado perfecto y ese momento “slow motion” donde la croqueta se parte por la mitad y la bechamel fluye.

La croqueta ha pasado de ser un elemento de fondo a ser un objeto de deseo cinematográfico. Ya no nos conformamos con verla; queremos que la cámara la acaricie, que nos muestre cada detalle del rebozado. El futuro del cine croquetero es inmersivo, y nosotros estamos aquí para comprar la entrada (y la ración de la fila 7).

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