Qué hacer si la bechamel de las croquetas queda demasiado blanda
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Hay pocas frustraciones culinarias más universales que esta: has seguido la receta, has removido con cariño, has dejado reposar… y cuando llega el momento de formar las croquetas, la bechamel decide que hoy no. Que hoy es sopa. Que hoy no se deja tocar.
La cuchara se hunde.
La bechamel se escurre.
Y tú piensas: “algo he hecho mal”.
Tranquilidad. Respira. No tires nada.
Una bechamel blanda no es una bechamel perdida. Es una bechamel que necesita ajustes, tiempo o un poco de técnica. Y casi siempre tiene solución.
Vamos a ver por qué pasa, qué hacer exactamente en cada caso y, sobre todo, cómo evitar que vuelva a ocurrir. Sin tecnicismos raros y sin hacerte sentir mal. Aquí hemos estado todos.
Por qué la bechamel queda blanda (las causas más comunes)
Antes de arreglar nada, hay que entender qué ha pasado. Porque la bechamel no se rebela sin motivo. Normalmente queda blanda por una de estas razones:
La más habitual: demasiado líquido. Puede ser leche, caldo o el propio jugo del relleno. A veces seguimos la proporción “de memoria”, otras veces el relleno suelta más agua de lo esperado y la bechamel pierde cuerpo.
Otra causa frecuente es poca harina o cocción insuficiente. La harina necesita tiempo para cocinarse y espesar. Si se añade la leche demasiado rápido o no se cocina lo suficiente, la bechamel se queda floja aunque al principio parezca que va bien.
También influye el tipo de relleno. Verduras, setas, espinacas o carnes muy jugosas aportan humedad extra. Y si no se controla, la bechamel lo nota.
Y por último, el factor paciencia. La bechamel espesa más al enfriar. Muchas veces creemos que está blanda cuando aún está caliente y en realidad solo necesita reposo.
Lo primero que debes hacer (antes de entrar en pánico)
Antes de tocar nada, haz esto: déjala reposar bien. No cinco minutos. Hablamos de horas.
Pasa la bechamel a una fuente amplia, cúbrela con film a piel (tocando la superficie) y métela en la nevera mínimo 4 horas, idealmente de un día para otro. El frío hace magia. Mucha.
Hay bechameles que parecen imposibles en caliente y al día siguiente están perfectas para formar croquetas sin problema. Así que primer consejo serio: no intentes arreglarla en caliente sin darle tiempo.
Si después del reposo sigue demasiado blanda, entonces sí, pasamos al plan B. Y aquí hay varias opciones, según el nivel de “blandura” que tengas delante.
Cómo espesar una bechamel blanda si aún está caliente
Si te das cuenta del problema mientras estás cocinando, estás en el mejor escenario posible. Aquí todavía puedes actuar con margen.
La opción más limpia es seguir cocinando la bechamel a fuego medio-bajo, sin dejar de remover. Muchas veces el problema no es la proporción, sino que le falta tiempo. Remueve con paciencia y deja que el vapor haga su trabajo. Verás cómo va ganando cuerpo poco a poco.
Si aun así no espesa, puedes añadir un poco más de harina, pero ojo con esto. Nunca la añadas en seco directamente a la bechamel porque se harán grumos. Lo correcto es diluir una cucharada de harina en un poco de leche fría, mezclar bien y añadirla poco a poco a la bechamel caliente, removiendo sin parar.
Otra opción muy usada es añadir un poco de roux aparte. Preparas en otra sartén una pequeña cantidad de mantequilla y harina, lo cocinas bien y lo incorporas a la bechamel. Es un truco más técnico, pero muy efectivo si sabes lo que haces.
Eso sí: cualquier corrección en caliente exige tiempo después. No pruebes a formar croquetas hasta que haya reposado bien.
Qué hacer si la bechamel ya está fría y sigue blanda
Este es el escenario más común y también el que más dudas genera. Pero sigue teniendo solución.
La más sencilla es volver a cocinarla. Sí, aunque esté fría. Pásala de nuevo a la sartén, caliéntala a fuego medio-bajo y remueve. Al calentarse vuelve a soltarse, pero ahí puedes trabajarla: dejar que evapore líquido o añadir un pequeño ajuste de harina bien disuelta si hace falta.
Otra opción, muy práctica, es añadir un poco más de relleno seco. Por ejemplo, jamón picado, pollo desmenuzado bien escurrido o queso rallado. Esto ayuda a absorber humedad y aporta estructura sin tocar demasiado la bechamel base.
También puedes reforzarla con pan rallado fino o copos de puré de patata, en cantidades muy pequeñas. No es ortodoxo, pero funciona. Eso sí, añade poco a poco y prueba textura, porque pasarte es igual de problemático que quedarte corto.
Después de cualquiera de estas soluciones, vuelve a enfriar bien la bechamel antes de formar croquetas. El frío es parte del proceso, no un paso opcional.
Trucos para formar croquetas aunque la bechamel esté justa
A veces la bechamel no está perfecta, pero tampoco es un desastre. Está “justita”. En ese caso, puedes adaptar la técnica para salir adelante.
Un truco clásico es usar dos cucharas en lugar de las manos. Las croquetas quedan tipo quenelle y no necesitas manipular tanto la bechamel. Luego el rebozado hace el resto.
Otro truco es enharinarte ligeramente las manos o usar un poco de aceite. No arregla la bechamel, pero facilita el formado.
También ayuda mucho hacer croquetas más pequeñas. Cuanto más grandes, más sufren las bechameles blandas. Las mini croquetas perdonan mucho más.
Y muy importante: doble rebozado. Pasar la croqueta dos veces por huevo y pan rallado crea una barrera más resistente que ayuda a que no se abran al freír.
No es trampa. Es supervivencia croquetera.
Cómo evitar que la bechamel vuelva a quedar blanda
Una vez salvada la tanda, lo ideal es aprender para la próxima. Aquí van claves claras para que no vuelva a pasar:
– Respeta proporciones orientativas: para 1 litro de leche, unos 100 g de harina y 100 g de mantequilla suelen funcionar bien, ajustando según relleno.
– Cocina bien el roux antes de añadir la leche. La harina cruda no espesa igual.
– Añade la leche poco a poco, sin prisas, removiendo constantemente.
– Controla la humedad del relleno: saltea verduras, escurre carnes y evita añadir líquidos sin medir.
– Cocina la bechamel el tiempo suficiente. No es solo mezclar, es reducir.
– Y deja reposar siempre. La textura final se decide en frío.
La bechamel perfecta no es cuestión de suerte. Es atención y práctica. Y algún fallo por el camino, claro.
Una bechamel blanda no es el final del mundo
Que la bechamel quede blanda no significa que no sepas hacer croquetas. Significa que estás en el proceso normal de aprender a dominarlas. A todos nos ha pasado. Más de una vez.
La buena noticia es que casi siempre tiene solución. Con tiempo, con frío, con un pequeño ajuste o con un cambio de técnica, esa bechamel puede acabar convertida en croquetas dignísimas, cremosas y disfrutables.
Así que la próxima vez que la cuchara se hunda y el ánimo baje, recuerda esto: la bechamel no falla, solo te está pidiendo un poco más de atención.
Y cuando por fin frías esa primera croqueta y salga bien…
todo habrá merecido la pena


